Beautyfans, la verdad es que nunca había pensado en hacerme o ponerme algo en la cara más allá de cremas y sueros. No soy tan joven pero tampoco tan grande, como para que ya se me note la edad y cuando se presentó la oportunidad y supe que era algo “reversible”, pensé que no se pierde nada probando. Y no me arrepiento para nada.

Primero me puse en contacto con el doctor Polo de Velasco, con quien he trabajado en varios textos para moi, pero nunca me había atendido. Y, conociéndolo, sabía que estaba en buenas manos. Entonces le dije “¿qué me vas a hacer?”. Y solo me contestó: “te voy a inyectar tu carita, pero no te preocupes”.

El punto es que llegué un día en la tarde al consultorio un poco nerviosa, como si fuera al dentista, pero sin saber muy bien qué esperar. Me pusieron un anestésico tópico, que es una crema que adormece un poco la cara y entonces sí empezó lo bueno. El doctor Polo llegó con un lápiz y me puso unos puntos en todos los lugares donde me hacía falta una ayuda y, ya sabiendo eso, sacó las jeringas.

La verdad es que a mí nunca me ha dado miedo pero sí me sentía tensa. El doctor Polo empezó con Xeomeen, la única toxina botulínica libre de complejo proteico (lo cual significa que a la larga no dejas de responder a ella, o sea que siempre es efectiva) que me inyectó en puntos clave de la frente para evitar líneas de expresión. Esto me lo aplicó usando también una especie de rodillo pequeño para mitigar el dolor y la verdad es que no sufrí mucho (aunque las pelotitas que te dan para apretar puede que opinen lo contrario).

A los pocos días de la aplicación empecé a sentir un poco rara la frente, y como ya no me acordaba que me habían hecho el tratamiento, no entendía qué estaba pasando y por qué no podía mover bien la frente. Al día de hoy, casi un mes después, me siento feliz de que mi frente se ve casi tan lisa como la de mi hijo de dos años.

El segundo producto que me aplicó el doctor fue Belotero, que es ácido hialurónico y ayuda a reponer el volumen en los tejidos blandos de la cara. No puedo creer la joya, beautyfans. Aquí sí sentí un poco más de dolor, ya que me lo aplicó en toda la parte de la cara que está debajo de los ojos. El mayor dolor fue cuando me lo puso en la comisura de los labios, pero la verdad es que me cambió la cara. Por herencia de mi madre (que me ha dado muchas cosas buenas y algunas no tanto) tengo la boca un poco hacia abajo y toda la zona de los cachetes con tendencia a colgarse.

Realmente es lo que más me “preocupa”, estéticamente hablando, de mi cara hacia el futuro. Esto se lo platiqué al doctor y justo fue en lo que se concentró. Con unos piquetes a los lados de la nariz, en las ojeras y los pómulos, toda esta zona se ve mucho más levantada, pero con la ventaja de que se ve absolutamente natural. Tanto así que lo noto y estoy feliz pero mi esposo ni en cuenta. Por lo tanto, te ves mejor sin verte rara.

Digamos que duele mucho más ir al dentista o depilarte las cejas con hilo, no es broma. Todo el embellecimiento me durará alrededor de un año y no me tomó más de una hora lograrlo. Amé el resultado.

Los tratamientos dependen del diagnóstico que te haga el médico, un tratamiento completo puede ir de los 20 a 30 mil pesos.

Yo me hice el tratamiento con el Dr Polo de Velazco (@DrPolodVelasco) en Dermatología de Velazco (Gustavo E. Campa 45-Piso 2, Guadalupe Inn, Álvaro Obregón, CDMX). Pueden hacer su cita por WA al 55 2687 7163